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7 de abril 2008
Hemos vuelto de Jerez. Esta frase, que parece simple,
encierra muchas cosas. Las presiones de nuestro entorno para
evitar que viajemos en moto son tremendas. En el fondo
siempre ha sido un poco así, es decir, que todos aquellos
que no montan en moto alucinan con el hecho de hacer un
viaje tan largo en moto; siempre se ha visto como algo
peligroso, sin embargo, esta vez, ha ido, a mí entender, más
allá. Esto, es el resultado de una presión mediática
constante y metódica sobre la peligrosidad de las dos
ruedas.
Las motos son peligrosas. Eso
está claro para todo aquel que no monte en moto. Así lo
entienden las autoridades, las compañías de seguros, tus
familiares, tus vecinos etc. Sin embargo no es cierto. Si
hacemos un paralelismo con algo que puedan entender tantos
los moteros como los que no lo son, podríamos hacerlo con
las pistolas por ejemplo. Para mí, las pistolas no son
peligrosas, lo peligroso es la velocidad con la que vienen
las balas. Con las motos pasa algo parecido; En sí no son
peligrosas las que las hacemos peligrosas somos nosotros y
lo que nos rodea. Pensar que un vehículo de dos ruedas no
entraña más riesgo que uno de cuatro es ilógico. El que no
lo entienda así, y monte en moto, tiene muchas papeletas
compradas para el sorteo de una caída.
Ahora bien; este fin de semana
las noticias de siniestralidad arrojan veinte muertos y la
mitad de ellos (a bombo y platillo) son motoristas. Sin
embargo, si buceamos un poco en la noticia veremos que la
mitad de los motoristas accidentados lo han sido por culpa
directa de automóviles. Del resto, la mitad han sido
scooters (en un solo accidente dos). Si a esto añadimos el
buen tiempo reinante que hace que la gente recupere del
garaje las motos olvidadas en meses, gente que volvía de
Jerez (el viernes aún veía yo en la N-630 motos volviendo
cargadas de equipaje), y el espectacular aumento del parque,
la estadística se modifica una barbaridad.
Pero cuidado, la explicación de
la estadística no nos debe hacer perder de vista el drama
que significa. Sin embargo, y volviendo al principio, no me
extraña que nuestro entorno intente meternos en la cabeza
que no deberíamos ir a Jerez. Ahora bien, quiero reflejar en
estas líneas que llevo muchos años bajando a Jerez, desde la
primera edición de todas. Aquella en la que aún te podías
encontrar a Sito Pons, a Cardús, a Garriga a Angel Nieto
sentados en las terrazas del Puerto de Santa María. Ahora
eso es impensable claro. Pero no nos desviemos; repito que
llevo muchos años bajando a Jerez y quizás sea la primera
vez que me ha sorprendido por el civismo, el buen
comportamiento del conjunto. Incluso en el propio viaje. He
visto mucha tranquilidad y buen hacer. ¿Qué hay cafres?
¡Toma claro que los hay! Pero es que incluso forma parte de
esto como grupo heterogéneo que somos. Claro que, y
entiéndase bien, quizás le hemos fastidiado un poco al amigo
Pere Navarro que busca incisamente razones para
demonizarnos.
Quizás debería sorprenderme de
haberme sorprendido por haber encontrado tranquilidad y
civismo. O no. No se que es mejor, si haberme sorprendido
porque implica un cambio o ese cambio debería haber venido
mucho antes.
No se. Pero en cualquier caso es
una buena noticia. Hemos vuelto casi todos de Jerez. ¡Hasta
el año que viene! |