EL ASFALTO NO ES ROSA Y ESTÁ DURO

   21 Noviembre 2.007

            Ayer volví a ver en televisión, un grupo de moteros que, captados desde un helicóptero, hacían aquello que al señor Pere Navarro tanto le encanta; Adelantar en línea continua. La pregunta es ¿Por qué le encanta? Pues porque necesita alguien a quien demonizar.

            La manifestación última de Madrid, ha sido, desde todos los puntos de vista un éxito. Pero eso no es lo importante. Si nos paramos a analizar la cuestión, desde el punto de vista del impacto mediático, tiene mucha más publicidad una manifestación en contra de una subida de impuestos, por ejemplo, que la nuestra. Con esto no se quiere decir que no sean importantes otros temas. No. Lo que se quiere decir es que, vende mucho más abrir un telediario con unos moteros en grupo haciendo el gambas, que una manifestación de 30.000 moteros luchando contra un asesino común. Y esto, la verdad, nos tiene que hacer pensar.

            En este país, nos pongamos como nos pongamos, mientras los muertos en carretera sigan siendo los que son, todo va a continuar igual, porque la DGT siempre necesita alguien a quien demonizar y echar las culpas de todo. Sin embargo, dicho esto, lo que yo no acierto a saber es por qué se han incrementado tanto las muertes de moteros en carretera. Viendo las estadísticas de la DGT y de otras fuentes, no sirve contar con el hecho de haber rebajado el carné de 125 c c, porque la mayor parte de las muertes se producen en carretera y con motos de más de 500 c c. La cuestión podría explicarse entonces con los novatos, pero las estadísticas de edad tampoco dicen eso. Lo que sí es cierto, es que hay motos que debían estar limitadas a 34 c v y que todos sabemos que no lo están y sólo figura en los papeles. Entonces, ¿Qué está pasando? No parece sencilla la respuesta a esta pregunta.

            Mi opinión al respecto de esta cuestión, es que creo que las motos actuales, superan a los conductores. Las prestaciones, no de velocidad pura, sino de aceleración, equipos de freno, chasis, suspensiones, etc. superan en todo a la media de los conductores y animan a buscar límites que no parecen tener fin. Las marcas cada vez sacan motos más sofisticadas, más potentes, más preparadas, que buscan, en el caso de las deportivas, prestaciones aún mejores que el modelo anterior y que en la mayoría de los casos, al final, se traduce en quien gana el Master Bike, del año en curso con 200 centésimas menos de tiempo en una vuelta al circuito.

            Cuando sales por ahí, en un grupo, los que llevamos ya mucho tiempo en una moto, te das cuenta que los grados de inclinación del que va delante de ti en una curva, no podías ni soñarlo hace unos años. Ni la velocidad del paso de curva, ni las referencias de frenada. Nada. Ni tampoco la aceleración y las recuperaciones. Se adelanta en muy pocos metros y a una velocidad de vértigo. Yo estoy de acuerdo en que los estándares de seguridad respecto a hace unos años han subido muchos enteros. Los chasis no se retuercen, las horquillas aguantan y los frenos no se vienen abajo. Sin embargo, también voy mucho más deprisa que antes porque la moto me lo permite. Y ahí es donde reside el peligro: Voy mucho más rápido pero sé lo mismo y soy el mismo que antes, ergo, asumo más riesgos y corro más peligros. En esas condiciones cometer un pequeño error es lo más fácil del mundo, y esos guardarrailes están tan  cerca… El problema es que cuando me he subido en la moto no pienso en eso.

            La verdad es que tampoco tengo muy claro que la cuestión venga por ahí. No se. Es una cuestión para debatir, por ejemplo, en el foro, que para eso debería servir. De todas maneras, lanzo un mensaje para todos: “La mujer de César, además de ser honesta tiene que parecerlo”. Este dicho, que un jefe mío me dijo al inicio de mi vida laboral, es importante, porque, sin ir más lejos, el Domingo, volviendo de Hervás, un montón de gente, en plena nacional, con un montón de tráfico, en un sitio además que siempre está cubierto por radares, adelantando cada dos por tres en línea continua. Pues ya está: Ya le hacemos el caldo de cultivo a otros para meterse con nosotros. Eso sin hablar del riesgo que conlleva para nosotros y para el resto.