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17 Octubre de 2.007
Hay una noticia
que escuché el Lunes por la mañana que me ha hecho
reflexionar; 7 motoristas muertos el puente del Pilar. Ya
hemos comentado en este mismo foro que el gobierno y las
autoridades están decididas a perseguirnos y a acabar con
nosotros. Esto es indudable.
Sin embargo, hay
una reflexión de fondo que yo me hago. La moto, es antes que
nada, una fuente de sensaciones. Si no existen esas
sensaciones, una moto deja de ser un disfrute para pasar a
ser un mero medio de transporte que además, es incómodo,
frío o caluroso, sólo puede transportar a dos personas, y no
siempre. Si realmente no se cuenta con esa sensación, montar
en moto se transforma en otra cosa.
El otro día salí a
la sierra. Una salida en moto, cuando vas más allá que a la
ciudad, es siempre algo muy especial. Tiene algo que es muy
difícil definir. La preparación, el vestirse con el mono, el
calzarse las botas, ponerse los guantes, limpiar la visera
del casco, ponérselo. Finalmente arrancas la moto y la dejas
calentar unos segundos. Lo haces todo con nerviosismo,
sintiendo tu corazón bombeando ligeramente acelerado. Oyes
como el motor va tomando temperatura, notas como el aceite
va recorriendo los recovecos del motor, como si fuese un
sistema sanguíneo que regase y alimentase todo. Durante ese
tiempo, prácticamente no piensas en otra cosa. Estas
concentrado en tu preparación. Es como si quisieses retrasar
la salida, como si fuese necesario saborear la sensación de
nerviosismo y azoramiento, más que la propia salida. También
me pasa con los viajes largos, con la colocación de los
bultos, con la preparación del día anterior, buscando cosas,
ordenándolas, recordando a última hora algo.
Al fin sales. Hace
algo de frío por la mañana, pero es agradable notar un
ligero escalofrío en tu espalda. Te juntas con alguien en un
punto determinado. Risas, bromas, un café. Miras a la cara
al resto y todos tienen ese punto de nerviosismo. Inicias el
camino. El depósito lleno, todo listo. Al principio vas
tranquilo, superando a los pocos domingueros que a hora tan
temprana te encuentras. Rectas que se hacen interminables,
algo aburridas. Por el retrovisor controlas que todos están
en su sitio. Pasas los primeros pueblos. La gente te mira al
pasar y tú te sientes bien. El sonido de las motos atrona y
resuena contra las paredes de las casas. El ritmo es
tranquilo.
Llegan las
primeras curvas, que se conocen bien. Con calma, sin
demasiados aspavientos las tomas muy abiertas, sin apurar
frenos ni marchas. El motor ronronea tranquilo. La tumbada
está bien, pero no es excesiva. Te sientes tranquilo,
disfrutas del momento. Ves venir la curva, controlas el
ápice y ves la salida. Pero todo a un ritmo no tranquilo
pero no exagerado. Para mí, es el mejor momento. Estas
relajado. Estas disfrutando. No hay tráfico y la carretera
es tuya.
Las curvas se van
cerrando y sucediendo. Recorres una serie de cinco o seis
curvas enlazadas, algunas bastante cerradas. Crees que vas
fenomenal. Que eres bueno conduciendo. No. Pilotando. Es que
yo no conduzco. Piloto. De pronto por el retrovisor ves una
luz pegada a ti. ¡Anda coño! Pues este también es bueno. Ahí
viene otra serie de curvas. Te acomodas sobre el asiento.
Abres las piernas y te ajustas las rodilleras. Te posicionas
pegándote al depósito. ¡Vamos a ver si ahora me sigue!
Primera curva. Me abro más para entrar y tiro la moto al
interior. He bajado dos marchas. ¡Ahora vamos allá! Salgo
acelerando hasta casi la línea roja. Oigo el motor aullar
mientras subo marcha. Siguiente curva al contrario. Me abro
de nuevo, apuro la frenada bajando al mismo tiempo una
velocidad. La moto amorra, petardea. Me descuelgo con el
cuerpo ya muy fuera de la moto. Controlo el gas para no
derrapar a la salida porque la moto sale como un misil.
¡Joder como va este motor! La siguiente curva, ya está aquí
y casi no me ha dado tiempo a subir una marcha. Vuelvo a
descolgarme. Acelero a muerte. Hay una pequeña recta. Miro
por el retrovisor. Está ahí. ¡Me cago en todo lo que se
menea! Llegamos a la frenada. Curva a izquierdas. Llego en
quinta. Es muy cerrada. Hay un cartel azul recomendando a
40. ¡Te vas a enterar! Bajo tres marchas de golpe mientras
freno a muerte pegándome a la línea blanca del arcén
derecho. Entre los petardeos de mis escapes me parece oír el
aullido de la otra moto. ¡Este cabrón me va a pegar un
hachazo! Me tiro a muerte a la izquierda y noto como roza la
bota en el asfalto. Doy un ligero respingo. Noto que estoy
llegando al límite. Enseguida, curva a la derecha. No he
bajado marcha. La zona roja está muy próxima. Me tiro al
lado contrario. Hay un bache en el interior y la horquilla
protesta. La moto se ha movido bastante. Sin soltar gas
continúo. Siguiente curva. Entro muy abierto. Curva ciega.
Me tiro al interior. Un autobús pisando la línea continúa de
frente. Tengo que levantar la moto ¡La madre que lo parió!
Ya salgo descolocado y tengo que soltar gas de golpe.
¡Mierda! ¡He perdido mucho tiempo! Vuelvo a acelerar a
muerte. Curvas y más curvas. Sigo oyendo el aullido de la
otra moto. Aún me descuelgo más. Salgo de una curva
totalmente descontrolado. He calculado mal. Veo el
guardarrail acercándose a mí. ¿O yo a él? Me da igual, el
caso es que tengo que mantener la tumbada porque sino me
voy. Alargo la trazada pero ya voy por la gravilla y no hay
ni quince centímetros hasta el guardarrail. El corazón me da
un vuelco. ¿Cuánto tiempo dura esa situación? ¿Medio
segundo? A mi me parece una eternidad. Consigo salir y
acelerar ya derecho. De pronto noto la garganta seca. Bajo
un poco el ritmo deseando llegar a donde vamos a tomar el
aperitivo. El otro sigue detrás.
Al final llegas a
casa. Ves a los niños que te rodean al llegar. Se te suben
encima. Te abrazan. ¡Eres de otro planeta con el mono
puesto! Para ellos eres un héroe. Mientras te quitas el
traje, agotado, no dejas de pensar en ese puñetero
guardarrail. Si alguien te preguntase si te lo has pasado
bien, dirás que si. Pero en realidad, en el fondo de la
cuestión. ¿Merece la pena? La vida es lo que es y sólo hay
una. Todo lo relatado lo he hecho muchas veces durante
muchos años. He disfrutado a tope con la descarga de
adrenalina. Miro a los niños y pienso que he estado cerca
del guardarrail muchas veces. En ocasiones he dejado atrás a
la moto que me seguía y otras veces me ha pasado.
La pregunta es;
esos siete motoristas ¿hacían lo mismo que yo? ¿No será que
estoy tentando en exceso a suerte? La caída, todos lo
sabemos no es más que un cálculo de probabilidades. Quizás,
la forma correcta de disfrutar sea la de las primeras
curvas. ¿Riesgo? Claro que sí, pero está más controlado. No
lo se. Pero desde luego, tengo un mar de dudas y de
preguntas sin respuesta. ¿Es la edad? No lo creo. Creo que
es la vida. |