Marcar la diferencia

Un guardarrail es un enemigo y un ejemplo de la desidia de la Sociedad y de los que nos representan por el débil. Una forma de medir el desarrollo de una Sociedad radica precisamente en la sensibilidad que se desprende de la misma hacia la eliminación de las barreras.

No hace falta más que dar un pequeño paseo por tu propio barrio, para darte cuenta de que si en vez de hacerlo andando, lo hicieras en una silla de ruedas, dicho paseo se vería interrumpido en cualquier momento, por barreras arquitectónicas. También puedes intentar hacerlo con los ojos cerrados y comprobarás que la calle puede ser un lugar tremendamente peligroso. Zanjas, hierros, obstáculos..

Pero no sólo es un problema que sea exclusivo de la Administración. También lo es de conciencia social, puesto que no es muy difícil observar un coche aparcado en un paso de peatones, o en uno de los pocos espacios reservados para el paso de personas con discapacidades.

A pesar de que muchos colectivos de minorías llevan clamando por sus derechos, muchos de ellos fundamentales, durante décadas, el avance es muchas veces demasiado lento.

El intento de hacer llegar a la sociedad que los guardarrailes son asesinos en potencia, es un fenómeno relativamente nuevo entre la gran masa social, comparado con lo anteriormente dicho, y va a costar mucho, muchísimo conseguir una medida positiva, por cada desencanto que nos llevemos. 

Yo estuve en la Manifestación de Madrid del año pasado, y a la vuelta pude ver unos operarios con linternas afanándose en instalar nuevos guardarrailes por la zona de Ávila.

Se me hizo un nudo en el estómago. Venía con emociones a flor de piel, después de ver a todos esos moteros reunidos, por salvar vidas, y ahí me encontraba frente a esa imagen de operarios de amarillo, tabajando cual ángeles de la muerte. Y trabajaban sin conciencia del daño que podían causar. La gente pasaba en sus coches sin señalarlos con el dedo.

Debemos por ello esforzarnos en la vía de la concienciación social, al fin y al cabo, ¿se habría quedado esa misma gente tan tranquila si en vez de colocar guardarrailes, hubieran estado colocando minas antipersona?

Perdonad, el exceso de mi prosa, pero en cierto modo, yo los veo así. Si un guardarrail se cruza en tu camino rompe tu vida como lo hiciera una cruel mina enterrada en el camino.

¿Manifestaciones, sí o no? Siempre, sí, porque puede que el problema, como una guerra sin sentido, parezca no tener fin. Pero mina, a mina, ese esfuerzo puede cambiar muerte por vida, uno a uno, persona a persona, sin estadísticas, sin banderas políticas, pues yo sólo hablo de salvar la vida de Luis, de Laura, de Juan..

Si el día de la manifestación, miráis a vuestro alrededor, quizás ésa sea la vida que estéis salvando, o quizás sea la vuestra.

 Sinceramente, creo que las manifestaciones, sí pueden marcar la diferencia.

José Manuel Guijo Cordón