• Manifestación Zaragoza  En la piel de un motero

 

  • Unos 1.400 motoristas exigieron soluciones para el centenar de puntos negros que sufren a diario. EL PERIÓDICO vivió junto a ellos la sensación de atravesarlos.

"Ahora al alcalde no le va a quedar más remedio que recibirnos y escucharnos". Las palabras de Cristóbal reflejan la satisfacción de un colectivo que pide respuestas de inmediato al ayuntamiento. Después de mucho tiempo reclamando la atención de los políticos en foros, medios de comunicación y despachos, para que adopte medidas urgentes que garanticen la seguridad de los motoristas en la ciudad, ayer se convirtieron durante una hora en centro de atención en Zaragoza demostrando que los problemas que denuncian afectan a un grupo de usuarios que están lejos de ser una minoría.

Unas 1.400 motos recorrieron la ciudad a través de sus arterias principales para hacer un llamamiento a la sociedad: "Reconocemos que a veces somos causa de los accidentes pero otras somos víctimas de las circunstancias que ponen en peligro nuestras vidas".

Compartiendo la marcha junto a ellos se da uno cuenta del arriesgado traqueteo que provoca pasar por una simple alcantarilla, de la tímida sacudida de la rueda trasera al cruzar una línea blanca mojada por el agua o lo amenazante de atravesar la misma tierra o grava que un coche apenas percibe en una curva no demasiado peligrosa. A lomos de una moto y a solo 30 km/h ya se intuye lo que muchos moteros llaman conducción defensiva. Ayer solo faltaba un ingrediente fundamental: coches, camiones, autobuses, taxis...

Atravesamos paseo de la Constitución, Independencia, avenida de los Pirineos, Gómez de Avellaneda, María Zambrano, puente de La Almozara, María Agustín, Goya o plaza San Francisco, puntos de paso obligado en un itinerario que tuvo como zona de salida y final la avenida Cesáreo Alierta, frente al Príncipe Felipe. Y eso que se tuvo que suprimir el paso por la entrada a las obras de la Expo, en la avenida de Ranillas, "por la peligrosidad de pasar tantas motos por una zona con tanta grava".

Una serpiente multicolor formada por motos de gran cilindrada --alguna scooter también hubo-- sorprendió a los ciudadanos, que se acercaron a la calzada para mostrarles su apoyo o sencillamente por satisfacer su curiosidad. Es sorprendente pasar junto a un niño de apenas siete u ocho años haciendo el símbolo de victoria, perdón, el de hola, motero.

"Recuerdo el año pasado cuando hicimos nuestra primera convocatoria. Éramos solo doce e ibamos desde la plaza España a la de San Francisco. Como íbamos tan pocos y el recorrido era tan corto lo hicimos como unas diez veces", explicaba Pablo Asensio. Hoy eran muchos más. Conforme avanzaba la marea muchos motoristas se sumaban a la marcha y en el puente de Santiago había más del doble de los que salieron del Príncipe Felipe.

La espectacularidad del paso de tantas motos y el rugir de sus motores no escondieron sus verdaderos motivos de la protesta, y que quedaron bien claros desde el principio, cuando el colectivo guardó un minuto de silencio por las víctimas que se cobró la carretera.

¿A partir de ahora qué? "Esperamos que el ayuntamiento vea la imagen de hoy y se replantee si están dispuestos a hablar con nosotros. Lo lógico sería que fuera el alcalde quien se plantee qué está pasando y actúe", dijo Cristobal Moreno, de Lucha Motera.

Alcantarillas hundidas en la calzada, pasos de peatones con pintura deslizante, defectos en el asfalto o socavones son ejemplos de cien deficiencias que tumban una moto sin necesidad de achacarlo a un error humano y que "no suelen contabilizarse en las cifras que se ofrecen al ciudadano" pero que pueden costar vidas. Para ellos es una cuestión de voluntad política y de legalidad ponerles solución. Se trata de reconocer un derecho fundamental para el motorista, "el de la vida y su seguridad".